¿La vida en porcentajes?

Leo en el periódico que Europa va a caer un 0,2%, un 0,4% en la zona Euro, debido en gran parte a que GB se contrae un 0,7%, Portugal un 1,2%, con una tasa de paro del 15%, que se espera crezca al 16%, mientras Finlandia se deja el 0,8% crecido en el primer trimestre para retroceder un 1%. ¡Y eso que Rumanía registra un ligero crecimiento del 0,5% entre abril y junio frente a la caída del 0,1% y del 0,2%!

Tanta cifra me ha llevado a pensar que…

Este verano lo he pasado en un pueblo de Jaén que supone el 0,15% de la población total de la provincia, por donde pasa el Guadalquivir, aproximadamente con 1/10 del caudal que lleva cuando atraviesa Sevilla, a una distacia que habría que multiplicar por 1000 para asemejarse a la que tendría que recorrer desde el barrio de la Macarena, en la capital andaluza.

Se puede decir que he aumentado en un 20% las horas de sueño, lo cual es bastante más sencillo si tenemos en cuenta que la temperatura nocturna es un 17% más baja, de media, que en ciudades como Úbeda o Córdoba. Aún así, el tiempo que supone la siesta, del volumen total de horas que duermo al día, ronda la cuarta parte de las mismas. No es de extrañar, ya que la ingesta de comida que realizo al medio día puede alcanzar el 150% de lo que suelo comer en Sevilla.

Ya que entramos en la alimentación, es obligatorio destacar que los tomates se han convertido en pieza básica de mi dieta, aumentado su consumo en un 135,6% semanal, lo que encuentra su causa en que, si formulamos una ecuación de dificultad, donde se tengan en cuenta variables como el precio, la distancia para conseguirlos, la calidad de los mismos y la energía física que consumo en el proceso, se puede decir que esa dificultad ha menguado en, aproximadamente, el 273,5%.

En otro orden de cosas, cada día suelo relacionarme con entre 2 y 6 personas. En ocasiones especiales, el número ha llegado a aumentar hasta las 40. Pero si extrapolamos esos datos a un mes cualquiera en Sevilla, suponen una reducción considerable, aproximadamente a la tercera parte, tanto en los días corrientes como en aquéllos donde se disparan las interrelaciones.

Como una gran parte del día la paso en el patio, podemos concluir que recibo un 80% más de sol, lo que hace que la melanina de mi piel reaccione químicamente hasta cambiar su tonalidad, oscureciéndola alrededor del 35%. Efecto aumentado por el contacto con líquidos, especialmente con agua, en la que paso sumergido entre el 1,25% y el 2,8% del tiempo.

Lo que prácticamente no ha cambiado es la cantidad de minutos que dedico a leer la prensa, que ha podido variar, a lo mucho, un 1,3% arriba o abajo, según el día. En teoría, eso debería influir en que mi nivel de hastío y cabreo con la situación política y económica se siga manteniendo en los niveles de hace, por ejemplo, un mes y medio. Sin embargo, y misteriosamente, mi sistema nervioso ha notado una reducción de ese volumen, que llega a desaparecer en determinadas franjas temporales, normalmente localizadas en el tercer y cuarto cuartos del día.

Si todas las cosas de las que la vida resulta se expusiesen así, como si fuera una noticia de las que pueblan a diario los medios de comunicación, habría terminado el texto con el párrafo anterior….

….privando al lector de saber que el pueblo en el que me encuentro compensa su poca población con unos tonos verdes que abarcan prácticamente todas las escalas del color, desde los brochazos que los olmos ofrecen al viento, hasta el verde tímido y huidizo del río.

Sería imposible medir estadísticamente lo que supone salir con mi perro a pasear por el paseo fluvial, porque mi nariz no entiende de calculadoras al inundarse con los aromas de las higueras que ensombrecen los recovecos que el Guadalquivir va dibujando, haciéndome viajar en el tiempo hacia épocas en las que jugaba a subirme a los árboles o a tirar piedrecitas al río para que hiciesen “la rana”.

¿Cómo se puede comparar el sueño que se cultiva en un paraje cuyo único murmullo es el del canto de los pájaros o el de la fuente de mi jardín con aquél que sufre para aislarse de una avenida transitada? ¿Cómo buscar elementos comunes en una siesta sudorosa de sofá y en una a ras de césped, en la sombra, tras un buen baño?

El baile de colores nunca se detiene, desde esa luz pura que va despertando a las matas de tomates hasta el propio rojo, que devora por días al verde, en esos frutos maravillosos que poco tienen que ver con los que se encuentran en el Lidl o el Mercadona. La satisfacción de pasear por la huerta e ir cogiendo, con mimo y agradecimiento, esos manjares de la tierra, ¡de la propia tierra de uno!.

Y es que en rincones como éste la vida se vuelve a parecer a la vida. El tiempo se dilata o mengua, prácticamente a voluntad, o directamente pasa desapercibido, deja de importar. Las horas son meros testigos mudos de un ir y venir de inspiraciones y expiraciones, entrecosidas y relajadas. Y es en estos momentos, inundados de paz natural, cuando las noticias de prensa dejan de tener el poco sentido que ya aparentan en la gran urbe. Cuando sus números se amontonan y se emborronan en una pizarra donde ya no caben más conjeturas ni explicaciones, porque hay cosas que, directamente, no se deberían explicar, sólo sentirse.

Porque hemos construido un mundo de mentira, sostenido por porcentajes, por sumas, por fracciones, por estadísticas sin vida, que ahora pintan mejor para unos, que luego se adelgazan o se engordan para engañar a otros. Porque al final la perspectiva se puede encontrar mirando desde un monte cómo el sol se pone entre el mar de olivos.

Muera en este verano, aunque sea sólo por unas semanas, lo cuantitativo. Más no es siempre mejor.., más no es mejor, más no es… más no….

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3 comentarios el “¿La vida en porcentajes?

  1. JuanP dice:

    Coño, si que es bueno. De lo mejor que he leído en todo el verano.

  2. Nd dice:

    Me ha gustado un 100% 🙂

  3. Rosa dice:

    Un soplo de aire fresco…
    Magistral.

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