Fantasmas

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Que se meen constantemente en la legalidad, pilar que los mantiene arriba, tiene sus riesgos. Se deja de creer en fantasmas. Y en sistemas.

 

España está en recesión porque su Producto Interior Bruto es negativo, decrece. El modelo productivo no se llama así por casualidad, está orientado a la producción, magnitud fundamental que afecta a otras variables macroeconómicas, como el trabajo/empleo.

Se suele utilizar la palabra hegemonía para hablar de la situación en la quela clase dominante no sólo es capaz de obligar a una clase social subordinada o minoritaria a que satisfaga sus intereses, renunciando a su identidad y a su cultura grupal, sino que también la primera ejerce control total en las formas de relación y producción de la segunda y el resto de la sociedad”.

El caso del P.I.B. como magnitud paradigmática del desarrollo de los estados, o de grupos de estados, no es más que una ejemplificación del marco cognitivo (esto es, cultural) hegemónico. Una gran mayoría de la población venera al dios de la producción, aunque sólo sea por que se lo creen, porque lo utilizan en sus argumentarios, porque lo cultivan en su ideología.

¿Pero acaso el P.I.B. funciona como indicativo de felicidad o de bienestar social? No voy a negar que la posesión de bienes y el disfrute de servicios no esté ligado a una determinada definición de felicidad (precisamente la que se produce y reproduce en el marco hegemónico actual), pero incluso aceptando esas reglas métricas, no sería difícil demostrar con números que el crecimiento de la producción, a lo largo de la historia, ha reportado muchos más beneficios a pequeños sectores de la población, no guardando ningún tipo de proporción lógica para el resto, mucho menos cualquier componente ética o social.

El P.I.B. mide la producción. Al establecerse la producción como indicador de desarrollo, se justifica la acción de los gobiernos orientada a aumentarla, sea como sea. Se diría que un sistema, un modelo económico, que funciona con estas premisas, se activaría y se haría funcionar por gente cuyo objetivo en la vida fuese producir, es decir, trabajar. Si preguntamos a nuestros semejantes si es ese su máximo objetivo en la vida, ¿cuál sería la respuesta? Puede que, si la pregunta se toma de manera literal, la negáramos. Pero si se entiende que el trabajo es la única manera de obtener la riqueza necesaria para satisfacer las necesidades consumiendo bienes y servicios, podríamos responder que sí.

Esa respuesta, la afirmativa, puede salir de la cabeza de cualquier persona con una facilidad sorprendente, y es debido a lo interiorizado que tenemos ese dogma. Algunos menos se detendrían a hacer más preguntas, muy pertinentes, como en qué condiciones se entiende el trabajo, cómo se reparten los beneficios y qué libertad se mantiene realizando la prestación. Pero aún haciendo ese ejercicio intelectual, seguiríamos moviéndonos en los mismos patrones, aceptando el mismo metarrelato: Felicidad = Tener = Comprar = Trabajar.

No. La única respuesta válida es, o debería ser, que trabajar no es nuestro máximo objetivo en la vida. Y el desarrollo de la respuesta debería ser un compendio de momentos felices. Porque el cómo se consigan, el qué hacer como sociedad, económica, política o culturalmente, para conseguirlos, son preguntas abiertas, cuya respuesta no puede ser únicamente el modelo productivo actual, aumentar año tras año el P.I.B.

Esta larga introducción tiene un objetivo insospechado, que no es hablar de economía.

La hegemonía cultural se induce, a gran velocidad, a través de las leyes y de su efecto performador. No hay prácticamente un ámbito de nuestras vidas que no se vea afectado y condicionado por la legislación. El hecho de que, a través del ordenamiento jurídico, se establezcan prácticas sociales, de hacer o de no hacer, que se repitan forzosamente, de manera colectiva, sumado al lenguaje técnico y con apariencia lógica que utiliza el derecho, hace que, a través de la producción normativa, se module y modele a gran velocidad la realidad de todo un grupo, de una sociedad.

Pero cuidado, esa apariencia lógica es clave para que esa sociedad asuma como suyo el metarrelato, ese comportamiento, los saberes en/por los que se construye. En el momento en que aquéllos que dictan realidad se contradicen, se hacen incompletos, incoherentes y, por qué no decirlo, chapuceros, su legitimidad, su legalidad, se tambalea.

Los fantasmas existen cuando se cree en ellos.

Que una inmensa mayoría de la población perciba a los que dictan realidad como un problema social; las constantes noticias sobre corrupción, acompañadas de indultos o de amnistías fiscales, dan continuos reveses a la apariencia (de) lógica (jurídica) que nos intentan vender, en la que nos intentan formar.

Cuando la fe se encuentra bajo mínimos, se hace posible que, tras un inevitable periodo de incertidumbre, de tensiones entre fuerzas, se construyan nuevas realidades, nuevas hegemonías culturales. En ese proceso es clave el aspecto comunicativo, y la existencia de internet lo hace mucho más complejo de lo que fue en otras épocas convulsas de la Historia.

Sin duda, ese es el momento que nos ha tocado vivir y la tarea a la que tenemos que enfrentarnos; pero sería un error histórico volver a idealizar un metarrelato, una realidad, independientemente del proceso mediante el que se fragua. El cómo es importante, si no queremos seguir creando fantasmas.

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3 comentarios el “Fantasmas

  1. eugeni dice:

    Ok! Pero dudo mucho, que podamos pasar de una sociedad condicionada/esclavizada por un metarrelato, a una que funcione sin nada parecido, de un solo paso. Pienso que tendríamos que ir-lo modificando, hasta poder prescindir de el
    Según yo, uno de los primeros pasos, podría ser perfectamente, el sacarnos de la cabeza la, para mi, estúpida obsesión de “ganarnos la vida”. Estúpida por la sencilla razón, de que si se diera el caso, de que las mas de siete mil millones de personas, que habitan este planeta, la pudieran realizar. El medio ambiente, que nos permite la vida, iba a durar dos telediarios
    Eso, o aceptar el paradigma que quiere imponer el poder económico. Que, aunque de momento os cueste creerlo, pasa por matar o dejar morir al 80% de la humanidad

  2. hispamex dice:

    Y si recuperaramos uno de los metarrelatos más alternativos, con mayor calado histórico y que ha sido resultado de la sistemática exclusión de “los otros” (en este caso las otras) que realiza el discurso hegemónico. Me refiero al metarrelato antipatriarcal, desde los feminismos, que en sus vertientes radicales converge en la denuncia “productivista” del sistema y reivindica una nueva visión desde la reproducción y el cuidado de la vida…. por mi parte en esas ando. Apertas a ambos, y en horabuena hackbogados, tan lúcidos como siempre.

  3. hispamex dice:

    Reblogged this on Voces en Rebelión.

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