Hablando de “fraudes de Ley”…

Bueno, como anunciábamos, les hemos dejado tiempo suficiente a “los servicios jurídicos del estado” para que se escondieran. (¿Serán los Letrado de Cortes, que supuestamente son unas personas súper preparadas, que deben dominar el Derecho de arriba de abajo? ¿Serán Abogados del Estado adscritos al Ministerio de Interior, que algo saben? ¿O será una ocurrencia de alguien que no sabía cómo salir de esto?

Han venido a discutir “de leyes” y de Derecho, así que no nos queda más remedio que entrar al trapo. 

Veamos.

Al parecer todo esto se basa en la Constitución de 1978. Es el elemento esencial, lo que hace funcionar el sistema. Como somos Hackbogados, vamos a emplear metáforas. 

La Constitución viene a ser el sistema operativo con el que funciona el cacharro. El cacharro sería esta sociedad, y su Derecho. Hay distintos sistemas operativos. Windows, OS, Linux, etc. Unos cerrados, y otros abiertos. Unos funcionan mejor y otros peor. Y, señores de la autoridad, ustedes utilizan windows, que es una patata de sistema. O sea, el peor. Así que es un atrevimiento por su parte venir a molestar a unos hackbogados cuando su sistema operativo tiene grietas por todos lados. 

Bueno, pues, con todo y con ello, existe otra cosa que es aún más importante que el sistema operativo. Y es su lenguaje. Vendría a ser el código base del sistema, los 0 y 1 del binario. De eso también tenemos y, omo son ceros y unos, aquí no suele haber mucho problema. Suele funcionar siempre bien. 

Nuestro sistema binario legal está en los siete primeros artículos del Código Civil. Se dice que la Constitución es la norma superior, la Norma de todas las Normas, y tal y tal. Vale, pero el título preliminar del CC contiene las normas de las normas. Cómo, qué, de dónde, quién, cuándo.., es decir, el código base del derecho. En sus siete primeros artículos se encierra el derecho de las normas. Como comprenderán, sin ellos no funciona nada

Y en estas que van estos señores y, ante lo que esta pasando o puede pasar, nos invocan…

  • El artículo 7:

1. Los derechos deberán ejercitarse conforme a las exigencias de la buena fe.

2. La Ley no ampara el abuso del derecho o el ejercicio antisocial del mismo. Todo acto u omisión que por la intención de su autor, por su objeto o por las circunstancias en que se realice sobrepase manifiestamente los límites normales del ejercicio de un derecho, con daño para tercero, dará lugar a la correspondiente indemnización y a la adopción de las medidas judiciales o administrativas que impidan la persistencia en el abuso.

Sí, señoras y señores, nos acusan de cometer fraude de ley. O de incitar o de algo así. 

Pues no. ¡So listos!. 

Día 25 de septiembre. Un día como otro cualquiera, un martes, laborable y hábil, a efectos administrativos. 

Un señor, decide acercarse por la calle de Jovellanos, proveniente de la calle Madrazos hasta el Registro Público de entrada de documentos del Congreso de los Diputados. O por la calle Marques de Cubas, igualmente hasta la calle Cedaceros, que es la calle de atrás del Palacio del Congreso de los Diputados. Lo que se ve en las imágenes se llama Carrera de San Jerónimo, aunque en los mapas también es Cedaceros. Como por la calle va quien quiere, no tiene que pedir permiso a nadie, andaba este señor paseando por la calle Alcalá y le ha parecido bien pasarse por allí. 

Él sabe que el Registro está abierto los días laborables de 10 a 14 horas y de 17 a 20 horas, siempre, porque ha ido otras veces. Se ha acercado con sus papeles, ha ido al mostrador correspondiente, le han sellado su copia para acreditar su entrega y una vez registrado el documento, ha dado los buenos días y se ha vuelto a donde ha querido. Sin ningún problema. Eso lo ha hecho incluso el día 13 de diciembre de 2011, que era el día en que se constituían las Cortes. Bueno, ese día, la verdad, no pudo entrar en el Congreso, según le dijeron los policías, por motivos de seguridad, pero que no se preocupara, que un compañero se los entregaba en el registro y que esperara detrás de unas vallas. El señor educadamente esperó. La policía, muy amable, le trajo a donde esperaba sus documentos debidamente registrados, les dio las gracias y se marcho tan feliz. Diez minutos, como mucho. 

La primera sorpresa que puede encontrarse es que no le dejan acceder a la calle Cedaceros. Hay un control policial. Vallas y hombres vestidos con un uniforme azul, armados. El señor, aunque asustado, decide acercarse a los uniformados. Como los uniformados resultan ser policías nacionales, se identifican con su número de placa ante el ciudadano y amablemente le explican que los jefes, por motivos de seguridad han cerrado la zona, ya que en estos tiempos hay muchas manifestaciones por los alrededores y a los diputados esos les molesta. 


El señor pregunta que si él no puede andar por una vía pública, le parece que se está incumpliendo el artículo 19 de la Constitución, un derecho Fundamental. Dice así: “Los españoles tienen derecho a elegir libremente su residencia y a circular por el territorio nacional.
Asimismo, tienen derecho a entrar y salir libremente de España en los términos que la ley establezca. Este derecho no podrá ser limitado por motivos políticos o ideológicos.”

“Parece que por motivos políticos el derecho se prohíbe”, piensa el señor, pero le dice el policía que por motivos políticos o ideológicos no, que es por motivos de seguridad. Es más, los ciudadanos que viven dentro de la zona vallada pueden pasar tras acreditar que viven allí.

 “Ah, pues muy bien, dice el ciudadano, o sea, que el derecho a circular y residir no se ha impedido totalmente, sino que a algunas personas, por causas justificadas, les dejan ustedes pasar”

– “Si señor, claro, solo es por motivos de seguridad, para que los ciudadanos no organicen manifestaciones cerca del Congreso”

– “Ah. Bien, pues verá usted, agente, yo tengo una causa justificada para que usted me deje pasar. Resulta que tengo que presentar un documento en el registro del susodicho Congreso, y que sólo puedo presentarlo allí, porque según los CRITERIOS PARA LA APLICACIÓN POR LOS REGISTROS DEL REAL DECRETO 772/1999, DE 7 DE MAYO, POR EL QUE SE REGULA LA PRESENTACIÓN DE SOLICITUDES, ESCRITOS Y COMUNICACIONES ANTE LA ADMINISTRACIÓN GENERAL DEL ESTADO, LA EXPEDICIÓN DE COPIAS DE DOCUMENTOS Y DEVOLUCIÓN DE ORIGINALES Y EL RÉGIMEN DE LAS OFICINAS DE REGISTRO, dictados por el Ministerio de la Presidencia , en concreto por la Secretaría de Estado para la Administración Pública, a través de su Dirección General para la el Impulso de la Administración Electrónica, que dice en su punto 2.1.1. que :

Inadmisión de solicitudes no dirigidas a las Administraciones Públicas


La única circunstancia que justifica este rechazo es que la solicitud, escrito o comunicación no se dirija a órganos de cualquier Administración Pública o a alguna de las entidades de Derecho Público vinculadas o dependientes de ellas.
El rechazo debe producirse cuando su destinatario sea alguno de los siguientes:

1º) Alguno de los poderes del Estado u órganos constitucionales: Tribunal Constitucional, Consejo General del Poder Judicial, Defensor del Pueblo* y Tribunal de Cuentas, así como las instituciones afines a alguno de ellos existentes en las Comunidades Autónomas.
(*) Se admite cualesquiera solicitudes, escritos o comunicaciones, dirigidos al Defensor del Pueblo, en los registros de las unidades administrativas orgánicamente integradas en el Ministerio de Administraciones Públicas a tenor de lo establecido en la Resolución de 18 de septiembre de 2007 (BOE 4-10-2007) por el que se publica el Convenio Marco de colaboración entre en Ministerio de Administraciones Públicas y el Defensor del Pueblo.

2º) Los órganos legislativos, tanto del Estado como de las Comunidades Autónomas: Cortes Generales y Asambleas legislativas de las Comunidades Autónomas.

“Así que mire usted, qué faena, por lo visto esta instancia antes se podía presentar en los registros de las delegaciones de gobierno o en cualquier ventanilla de la administración, y ahora no se puede. Vamos, que no te lo admiten, que nos dicen que solo lo podemos presentar aquí”.

El señor le enseña el documento al policía, y éste comprueba que está dirigido efectivamente a una comisión del Congreso, que está correctamente cumplimentado, y que está identificado el presentador y firmado. El policía le dice que espere un momento, que tiene que consultarlo. 

Mientras, el ciudadano piensa que si tan grave está la cosa, y se restringe derechos fundamentales durante días y días, como es el derecho a circular, por qué diablos no han decretado el Estado de Excepción y lo han publicado en el BOE, que para eso está la ley que regula la suspensión de derechos fundamentales y el BOE, y así se hubiera él enterado de que no se puede circular libremente por Madrid. Ahora, sin embargo, parece que se ha pegado un paseo en balde, o al menos que va a tardar más tiempo del que él preveía en una solemne tontería como es registrar un documento en un registro administrativo. 

“¿Se estará cometiendo un fraude de ley por el Ministerio de Interior, que en vez de solicitar el estado de excepción, se ampara en normas de seguridad y orden público para suspender los derechos constitucionales de un montón de ciudadanos sin limite ninguno y sin ninguna garantía? ¿Cuantos días lleva esta zona así, vallada y sometida a restricciones? Eso con el estado de excepción, tiene límites…“, se queda pensando el señor.

En esto que vuelve el policía y le dice al señor que no puede presentar el documento, que está incurriendo en fraude de ley, y que él lo que quiere es tomar el Congreso. Que si no conoce el artículo 77 de la Constitución:

  • Artículo 77

1. Las Cámaras pueden recibir peticiones individuales y colectivas, siempre por escrito, quedando prohibida la presentación directa por manifestaciones ciudadanas.”

El señor se queda un tanto extrañado. Y le dice al policía que él es un ciudadano, una persona, no un manifestante, y mucho menos sabía el que por si solo podía ser toda una manifestación. El policía le dice que mire para atrás. Sorprendido, el señor descubre una cola de ciudadanos detrás de él. ¿¿¡¡??

– “Pero … ¡que diablos…! ¡Oigan! ¿ustedes quienes son y que quieren?”

“Somos ciudadanos, igual que usted, y veníamos al registro, igual que usted, a presentar unos documentos”, gritan todos al unísono.

El ciudadano comienza a impacientarse. Y se dirige nuevamente al policía.

– “Vamos a ver, señor, yo venía aquí a ejercer mi derecho fundamental, el del artículo 29”

1. Todos los españoles tendrán el derecho de petición individual y colectiva, por escrito, en la forma y con los efectos que determine la ley.

2. Los miembros de las Fuerzas o Institutos armados o de los Cuerpos sometidos a disciplina militar podrán ejercer este derecho sólo individualmente y con arreglo a lo dispuesto en su legislación específica.


“Y lo vengo a ejercer, como usted puede comprobar, con la ley en la mano, su ley reguladora. La Ley Orgánica 4/2001, que dice que todos, autoridades y funcionarios, están obligados a facilitar el ejercicio de mi derecho, y que en caso de las cortes, solo por escrito. Y aquí traigo yo mi escrito. Y si no , ¿cómo lo hago? Mire usted , señor agente, yo soy u individuo y vengo a ejercer un derecho subjetivo, personalísimo.

Artículo 4. Formalización.

1. Las peticiones se formularán por escrito, pudiendo utilizarse cualquier medio, incluso de carácter electrónico, que permita acreditar su autenticidad, e incluirán necesariamente la identidad del solicitante, la nacionalidad si la tuviere, el lugar o el medio elegido para la práctica de notificaciones, el objeto y el destinatario de la petición.
2. En el caso de peticiones colectivas, además de cumplir los requisitos anteriores, serán firmadas por todos los peticionarios, debiendo figurar, junto a la firma de cada uno de ellos su nombre y apellidos.
3. El peticionario podrá dar cuenta del ejercicio de su derecho a institución u órgano diferente de aquél ante quien dirigió la petición, remitiéndole copia del escrito sin otro efecto que el de su simple conocimiento.
4. Los peticionarios podrán exigir la confidencialidad de sus datos.

– “No se quién le habrá dicho lo del fraude de ley, y lo del artículo 77, pero como usted comprenderá, se refiere a manifestaciones que pretendan entrar a lo bruto en la cámara, del verbo pegarle una patada a la puerta de los leones, entrar pegando gritos y pedir algo. O incluso organizar una manifestación y pedir algo así, todos a la vez, a grito pelao.

Y yo eso lo entiendo, está prohibido por la misma Constitución. Pero es que yo, ni me estoy manifestando, ni presento nada directamente. 

Lo que quiero es presentar un escrito, indirectamente, de acuerdo a los procedimientos legales establecidos, o sea, mediante un escrito, y encima, para más coraje, resulta que se trata de un expediente que está abierto desde junio de 2010, al que Sus Señorías de los dos partidos mayoritarios no dejan ni acceder a los diputados de los demás partidos, y tiene cachondeo encima que me digan a mí que yo pretendo cometer un fraude de ley, cuando ellos tienen oculto el expedite hasta frente al propio Congreso. 

Así que no, no pretendo cometer ningún fraude de ley. Y si todas esas personas que están detrás de mi haciendo cola, quieren presentar su papel en ese expediente, no tienen otra forma de hacerlo que por escrito, y hacerlo como yo lo estoy haciendo. Si ustedes me impiden presentar esto, diciendo que yo me estoy manifestando, y que no me lo admiten, y que el registro está cerrado o algo así, entonces los que están cometiendo un fraude de ley son quienes les hayan ordenado no dejarme presentar mi escrito

Mi escrito es estrictamente individual. Personal. Y el de los demás, pues me imagino que igual. Y si usted lo que quiere es evitar una aglomeración, lo que tienen que hacer, ya que al parecer sabían ustedes que iba a venir mucha gente, es provenir a esa incidencia, y poner más sellos y mas funcionarios para atender bien al público. 

Sino, lo que está sucediendo es que al amparo de una norma, el artículo 77 de la Constitución, ustedes están cometiendo un fraude de ley como un templo, impidiendo que los ciudadanos, en un día normal, ejerzamos un derecho fundamental normal, en un registro que normalmente funciona normalA menos, que hoy, y al parecer más días, aquí nada esté funcionado “normal”.

Así que, como efectivamente dice el Código:

“Todo acto u omisión que por la intención de su autor, por su objeto o por las circunstancias en que se realice sobrepase manifiestamente los límites normales del ejercicio de un derecho, con daño para tercero, dará lugar a la correspondiente indemnización y a la adopción de las medidas judiciales o administrativas que impidan la persistencia en el abuso” este acto de impedir que cualquiera presente su documento supone un abuso por parte de no se que autoridad, y como parece que tiene como único fin impedir el ejercicio de un derecho, le exijo que tomen las medidas que correspondan para impedirlo, las medidas que sean pertinentes para que yo pueda ejercer mi derecho, ya que yo lo que quiero es irme de aquí, pero y pues no me voy a ir sin que me sellen esto, y que me lo sellen con el sello del órgano al que va dirigido, único que me garantiza que se unirá al expediente. 

– “Y dígame usted que yo no soy yo, que no estoy ejerciendo un derecho fundamental y que ustedes no están vulnerando la legalidad hasta el punto de cometer un delito contra mi persona. Por favor, no me enfade, porque son los señores que hayan dado la orden los que van a propiciar un daño, no yo, ni los demás ciudadanos que hay en la cola, sino ustedes, al hacer la cola eterna. Puede pasar que yo me vaya a poner una denuncia, penal, e incluso que demande al responsable de esto, que me he gastado un dineral en venir a Madrid, y resulta que no puedo hacer lo que he venido a hacer. 

A ver, dígame usted qué hago yo para presentar mi escrito hoy y ahora. Y no se le ocurra mandarme a otro registro, porque de allí vengo, ya se lo he dicho. Pero vamos, vamos, dígame, como lo hacemos. Una petición individual, de muchos ciudadanos, ¿cómo lo hacemos? ¿Otro día? ¿Van a dar número? ¿Solo puede venir una persona al día?”

Fraude de ley. Manda…..

 

PD.1: Este es un blog particular que refleja sólo las ideas y opiniones de sus autores.

PD.2: Nótese el tono humorístico de esta entrada. Respetamos que esta iniciativa no sea compartida, al igual que esperamos que respeten el que la expresemos aquí y así. 

 

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Islandia, #15M, #25S,…

Imagen de una de las concentraciones de la Revolución Islandesa

Desde que vi el primer meme sobre la acción del 25 de Septiembre de rodear el Congreso de los Diputados, he transitado desde una postura crítica, casi frontalmente contraria, pasando por una prudente distancia, leyendo aquí y allí pros y contras, hasta, cada vez más, ver con mejores ojos esta arriesgada iniciativa.

Curiosamente, con el paso del tiempo, me he dado cuenta de que era mi lado “militante quincemayista” (o militante a secas) el que ejercía de escéptico, mientras que a la parte más secular (siempre política), se le erizaban las carnes con la imagen proyectada de una protesta masiva e indefinida que acabase, por fin, con esta pantomima de democracia, sustentada sobre el miedo, la mentira y la soberbia.

Y fue precisamente en el momento en que fui consciente de esa esquizofrenia dicotómica cuando volvieron a mi cabeza los recuerdos de los meses previos al famoso 15 de Mayo de 2011, cuando apenas un millar de personas en todo el país se propusieron montar, de la nada una plataforma ciudadana por una Democracia Real Ya. Durante ese Marzo y ese Abril, no fueron pocos los que sostuvieron que aquélla convocatoria surgía de las mismísimas entrañas del falangismo, cuando no del Rubalcabismo o de algo llamado anarcocapitalismo.

Aunque en aquélla primera versión alpha de Democracia Real Ya participaron personas con una larga trayectoria en movimientos sociales, o incluso cercanas a algún partido o sindicato minoritario, la mayoría de l@s que componíamos la Plataforma de Coordinación de Grupos Pro-Movilización Ciudadana éramos personas bastante ajenas al activismo político, gente preocupada por la marcha del país, desesperada por el inmovilismo de la sociedad y con unas ganas tremendas de poder hacer política sin necesidad de entes institucionalizadosAsí, nos agrupamos entorno a un manifiesto bastante nítido, optimista, constructivo, inclusivo y motivador, exigiendo unos primeros 8 puntos que considerábamos básicos en cualquier Estado Democrático y de Derecho.

Como he dicho antes, y en lo que respecta a mi experiencia personal en Sevilla, esa manifestación la montamos prácticamente al margen de los tradicionales movimientos sociales y sin contar con partido o sindicato alguno. Sin fondos, sin aparato, sin rostros conocidos, lo que despertó muchas suspicacias entre aquéllos que habían cargado históricamente con el papel de la respuesta y la resistencia social. Parecía que el mensaje que queríamos transmitir con ese manifiesto y esos 8 puntos no era suficiente, si no eran capaces de identificar de dónde y de quiénes partía la iniciativa.

Afortunadamente, fueron much@s los seglares que, como yo, se adhirieron y ayudaron a montar la manifestación del 15m y, como bien es sabido, ese día un viento fresco y renovador, lleno de ilusión y esperanza, recorrió las calles de cerca de 60 ciudades en todo el país.

En el tema que ahora nos ocupa, el #25S, se da un elemento similar al que acabo de narrar: no queda claro qué o quiénes son los pioneros en la convocatoria, yendo, desde el principio, con un mensaje claro: rodear el Congreso hasta que el Gobierno dimita y empezar un proceso constituyente, habida cuenta de que la Constitución actual sólo se respeta para garantizar los intereses y privilegios de unos pocos, mientras que  su contenido social, sus derechos fundamentales, han pasado a ser un triste brindis al sol.

Como en los preparativos del 15m, esta iniciativa ha estado abierta a la participación de cualquier persona de acuerdo a sus fines, incluso ahora que ya está en boca de tod@s, se están celebrando numerosos encuentros para mejorarla y dotarla de más contenido ya que, reconozcámoslo, para ser un llamamiento tan ambicioso, el plan y el método a seguir una vez llegado el momento eran bastante “livianos“.

Si finalmente sale adelante la iniciativa, si el llamamiento culmina con una afluencia masiva, se habrá demostrado de nuevo algo inherente a las nuevas formas de movilización en la era red: el emisor ha dejado de tener relevancia, distribuido y no identificable, cobrando importancia el mensaje, la acción en sí. Esto, como es natural, choca con la lógica, cultivada durante años, de l@s que necesitan a un partido, a un sindicato, a un aparato reconocido o reconocible al frente de cualquier movilización, si me apuran, al frente de toda acción política. Lo siento, times are changing.

Por otra parte, sabemos desde ayer que ya hay en España hombres de negro de la Troika perfilando los detalles de ese chantaje llamado rescate que nos teletransportará a una situación similar a la de los griegos. Ni siquiera tenemos elecciones en el horizonte (aunque sí los rumores de un gobierno tecnócrata de concentración), ni tampoco un partido a lo Syryza que logre hacer de catalizador de la indignación en las instituciones (y miren qué fácil fue cambiar la ley del reparto de escaños en Grecia para neutralizarlo).

Y es en esta situación crítica, que requiere una enérgica e inteligente reacción, cuando no comprendo a aquéll@s que denostan (no es que no la apoyen, es que la difaman) la iniciativa de rodear el Congreso. Es en esta situación crítica cuando cabría preguntarles: ¿y ustedes qué proponen?. Pues, haciendo memoria, parece o parecía que, cuando miles de islandeses se agolpaban día tras día, cacerola en mano, frente a su parlamento, el modelo islandés nos parecía magnífico, por su consistencia, por su civismo, por su lección de dignidad. ¿Por qué, entonces, no replicarlo aquí en nuestra #Españistán?

Es normal que haya cierta incertidumbre, sobre todo a tenor de la legislación que blinda al Congreso y su actividad de actos que pongan en peligro su normal funcionamiento. Sin duda, son estas normas el clavo ardiendo al que se quiere agarrar el gobierno para mandar hordas de antidisturbios a repartir palos y a disparar pelotas de goma. Pero de nuestra inteligencia colectiva depende el que no puedan verse legitimados para hacerlo. Seguramente, el perímetro de seguridad esté establecido de antemano, y es una buena noticia, pues sabemos qué línea no hay que cruzar para que no se produzca una masacre. No es necesario hacerlo para que la acción surta efecto, que es lo importante. Al mismo tiempo, el riesgo de cargas o de infiltración de elementos violentos, de aquí o de allí, disminuye considerablemente cuando existe una multitud con cabeza, capaz de neutralizar tanto unas como a otros.

En cuanto al plan, a los objetivos que se deben perseguir, deberíamos examinar el excelente trabajo que muchos colectivos, grupos o equipos de trabajo vienen realizando hasta la fecha. Por si sirve de punto de partida para unificar y buscar sinergias, en particular destacaría la elaboración del #PlanDeRescateCiudadano. Aún en construcción pero con buenos mimbres.

Tampoco olvidemos que, paralelamente a estas acciones de calle, existen muchas otras que atacan al mismísimo núcleo de los #banksters, mercaderes y políticos corruptos, como la #QuerellaPaRato o la #OpEuribor, que se reactivarán también en Septiembre.

En definitiva, nuestro deber consiste en hacer frente a sus planes de pauperización de nuestra existencia con todos los recursos, todas las ideas y todas las habilidades que tengamos, entretejidas, con ilusión y #SinMiedo.

¡Vamos!

Los Parlamentos, los Gobiernos y la Política

Todos , con el paso de los años, dejando hacer a los dirigentes de los partidos políticos, renovando la confianza elecciones tras elecciones en ellos de forma inmerecida, habíamos consentido que el Parlamento, la institución donde reside la soberanía nacional, la cámara de representantes del Pueblo, de los Ciudadanos, el órgano que nuestra Constitución diseñó otorgándole el poder absoluto, lo que debiera ser el sitio o la casa de todos, el lugar donde los mejores defendían sus ideas y a la vez, en libre debate y compromiso con la conciencia colectiva y propia, se defendieran, siempre, los intereses de ese mismo pueblo al que representan; todos, repito, todos, dejamos que sucediera lo más indigno que como pueblo podíamos hacernos: que se convirtiera en una pantomima.

Se ha convertido el Congreso en el hazmerreír de cualquier persona que supiera un poco de teoría política y jurídica honesta, de la que no se engaña a sí misma. El Parlamento, después de varios siglos de poder absoluto de los monarcas europeos, y tras el triunfo de la revolución francesa y del pensamiento liberal del siglo XIX, nació bajo la aspiración de que fueran los pueblos los que controlaran su propio destino. En eso consistían básicamente las revoluciones americanas independizándose de los ingleses; o los franceses, independizándose de la monarquía; o los rusos, tratando de independizarse de su destino.

Si alguien se hubiera tomado en serio aquella idea, los parlamentos serían todopoderosos, como el senado republicano romano. Que nadie se líe ahora con aquello de que solo acceden a él los poderosos. Si, eso es cierto. Pero para eso se estableció el sufragio universal, no sólo concediendo a todos la posibilidad de elegir , sino, y eso era lo más importante, permitiendo a todos la posibilidad de tener el poder de hacer leyes. Las leyes, las normas. Ser elegidos. Ser elegidos para hacer leyes. Y con ellas, el destino de los pueblos, hoy día, a través del destino del dinero. No nos lo tomamos en serio. Quizás por el hecho de que varios siglos de costumbre eran un peso enorme para hacer que los hombre se negaran a seguir dando el poder a un ejecutivo, a un absoluto, como siempre había sido. Quizás porque siempre fue más cómodo confiar en el gobierno, fuera este quien fuera. El gobierno gobernaría para todos, el gobierno solucionaría los problemas. Al fin y al cabo, de una o de otra forma, podíamos elegir al gobierno, y cuando menos , quitarlo si no nos gustaba.

Eso nos pareció suficiente. Así, fruto de esa dejadez de todos, hemos llegado a hoy. Nuestro parlamento, la mayoría de los parlamentos, no son lo que debieran. Carecen de poder real. No son respetados. No tienen credibilidad. No podemos esperar, de los hombres y mujeres que los componen, nada. Y desde luego menos aún que sean lo suficientemente valientes como para salvar a sus pueblos de los peligros que pudieran experimentar. Hemos dado por hecho que la vida moderna supone o establece un sistema en el que los parlamentos son un mero trámite, una formalidad. Lo importante es el gobierno. Ha pasado casi lo mismo en las sociedades mercantiles. Ya no importan las juntas de accionistas, importan los consejos de administración. Al final, sólo importa el dinero. Y resulta que ni siquiera lo tenemos.

Por eso, parlamentos como el nuestro aceptan que las leyes en su mayoría tengan su origen en reales decretos, o en decretos legislativos, en definitiva, leyes que parten del gobierno, y que los parlamentos se limitan a aprobar. Como sino pudieran hacer nada más. A eso se añade que en su función de nombrar a los mejores para aquellas instituciones que debieran controlar el más perfecto funcionamiento de un sistema que llamamos Estado de Derecho, democrático, también el parlamento, los parlamentos, renunciaron a todo. Bien, el gobierno nombraría a los suyos.

Creímos que eso no tenía importancia, que no era grave. Que en el fondo, daba igual. Había ciertos límites que los gobiernos nos traspasarían, sabían que los quitaríamos si lo hicieran. Todos. Ahora todos sufrimos lo que hemos hecho. Los gobiernos de muchos estados amparan , apoyan o directamente comenten actos que nunca habíamos dudado en tachar de criminales. Cometen flagrantes injusticias contra las personas, contra sus bienes, contra su pequeño bienestar. Un gobierno o un parlamento, nunca deberían cometer ni un sólo acto de ese tipo. Ahora hay guantánamos, invasiones, asesinatos, ruinas, especulación con lo esencial, y muchas cosas que antes nos horrorizaban. Tenemos CIE’s, desatendemos a nuestros viejos y enfermos, despreciamos la enseñanza y la sanidad pública, y ellos las venden, o acaban con lo poco que teníamos en común. Los gobiernos.

Estamos retrocediendo a pasos agigantados. Estamos viendo lo que creímos que no volveríamos a ver. Para mí, el colmo está siendo ver cómo se mata a trabajadores por el mero hecho de querer simplemente mejorar sus miserables condiciones de vida, en sudáfrica, pero también en otros sitios donde eso no debería pasar. Los gobiernos. ¿Qué hacen los gobiernos? ¿Qué pasa cuando los gobiernos también son una pantomima, como lo son los parlamentos? Pues pasa lo que está pasando. Que estamos mal, muy mal. Los gobiernos, a merced de los mercaderes. O trabajan para ellos, o, en cualquier caso, les temen más que a sus propios pueblos. A los gobiernos ya no les impresionan los ciudadanos, les impresionan los mercaderes.

Las leyes son lo último que nos queda, y también tratan de quitárnoslo. Hemos perdido los parlamentos, hemos perdido los gobiernos. Ya no son nuestros. ¿Cuanto tardaremos en perder definitivamente el más preciado de los bienes, las leyes? Todos nos hemos equivocado. Todos pensamos que bastaban los partidos políticos. No importaba que no conociéramos ni al concejal, ni al diputado, y no digamos ya al senador que elegíamos para que ejerciera en nuestro nombre nuestro poder, nuestra soberanía. Pensábamos que, aunque los parlamentos fueran un patio de colegio, no más, los gobiernos aún tenían algo que ver con las bases, con la democracia, con la soberanía, con el poder de las personas, de los pueblos, de los ciudadanos, de decidir el destino. Ahora, que estamos a punto de perderlo todo, deberíamos de reaccionar, antes de que sea demasiado tarde. Y solo nos queda una opción: interesarnos por “la política”.

La Política es nuestra. La Política son las leyes, son nuestros bienes comunes, son nuestros derechos, son nuestras leyes. Asomémonos todos al patio de colegio que es el parlamento, que son los parlamentos. Avergoncémonos de lo que vemos. Sintamos vergüenza ajena de las personas que nos representan. Que hasta nos insultan. Sintamos vergüenza, que llegue a lo más profundo de nosotros saber que esos hombres y mujeres no nos sirven. No nos han servido. Han servido y sirven a sus partidos, pero no a nosotros, sus mandatarios, sus poderdantes, sus dueños. Y cuando, con la vergüenza de habernos todos desentendido de aquéllo que era los más importante, nuestro destino, cuando, con la vergüenza invadiendo nuestra pobre conciencia, nuestro estómago, nuestra saliva.., cuando, avergonzados, reconozcamos ante nosotros mismos que todos y cada uno de los ciudadanos dejamos que esto ocurriera, que todos somos responsables de que estemos en esta situación, entonces, sólo entonces, pongámonos a tomarnos en serio la Política. ¡Hagamos Política!. Echemos a estos hombres y mujeres que ni siquiera tuvieron el valor de denunciarnos como pueblo, por nuestra dejadez, desde las instituciones en las que estaban. Fue cómodo para todos, para ellos más. Pero eso no quiere decir que no podamos enderezarnos, que no podamos salir de la ruina moral en la que nos encontramos.

Echemos a estos políticos. No nos sirven. No nos volvamos a engañar. Encontremos a otras personas. Busquémoslas, están ahí. Seguro. Existen. Aún debe haber entre nosotros personas íntegras. Honestas. Honorables porque nosotros creemos o creamos en ellas, no porque se autotitulen así. Excelencias porque lo son, y no porque lo manden las leyes que ellos mismos se hacen. Personas que entiendan que son los intereses de todos los que ponemos en sus manos. Los de todos. Cada cierto tiempo se nos convoca por un sistema que ahora no es más que patético a que entreguemos nuestro poder, nuestro destino, a unos cuantos. Podemos creer o no en ese sistema, en que eso pueda o no servir para cambiar la realidad. Pero no seamos tan idiotas de, al menos, desaprovechar la oportunidad de hacer lo que queramos, de hablar, de protestar. No podemos seguir desentendiéndonos. No se queden en sus casas la próxima vez. No dejen que les digan que no puede hacerse nada. Claro que podemos. Podemos hacer lo que queramos. Para empezar , podemos decirles ¡fuera¡, váyanse. Todos. No podemos permitirnos más vergüenza.