Islandia, #15M, #25S,…

Imagen de una de las concentraciones de la Revolución Islandesa

Desde que vi el primer meme sobre la acción del 25 de Septiembre de rodear el Congreso de los Diputados, he transitado desde una postura crítica, casi frontalmente contraria, pasando por una prudente distancia, leyendo aquí y allí pros y contras, hasta, cada vez más, ver con mejores ojos esta arriesgada iniciativa.

Curiosamente, con el paso del tiempo, me he dado cuenta de que era mi lado “militante quincemayista” (o militante a secas) el que ejercía de escéptico, mientras que a la parte más secular (siempre política), se le erizaban las carnes con la imagen proyectada de una protesta masiva e indefinida que acabase, por fin, con esta pantomima de democracia, sustentada sobre el miedo, la mentira y la soberbia.

Y fue precisamente en el momento en que fui consciente de esa esquizofrenia dicotómica cuando volvieron a mi cabeza los recuerdos de los meses previos al famoso 15 de Mayo de 2011, cuando apenas un millar de personas en todo el país se propusieron montar, de la nada una plataforma ciudadana por una Democracia Real Ya. Durante ese Marzo y ese Abril, no fueron pocos los que sostuvieron que aquélla convocatoria surgía de las mismísimas entrañas del falangismo, cuando no del Rubalcabismo o de algo llamado anarcocapitalismo.

Aunque en aquélla primera versión alpha de Democracia Real Ya participaron personas con una larga trayectoria en movimientos sociales, o incluso cercanas a algún partido o sindicato minoritario, la mayoría de l@s que componíamos la Plataforma de Coordinación de Grupos Pro-Movilización Ciudadana éramos personas bastante ajenas al activismo político, gente preocupada por la marcha del país, desesperada por el inmovilismo de la sociedad y con unas ganas tremendas de poder hacer política sin necesidad de entes institucionalizadosAsí, nos agrupamos entorno a un manifiesto bastante nítido, optimista, constructivo, inclusivo y motivador, exigiendo unos primeros 8 puntos que considerábamos básicos en cualquier Estado Democrático y de Derecho.

Como he dicho antes, y en lo que respecta a mi experiencia personal en Sevilla, esa manifestación la montamos prácticamente al margen de los tradicionales movimientos sociales y sin contar con partido o sindicato alguno. Sin fondos, sin aparato, sin rostros conocidos, lo que despertó muchas suspicacias entre aquéllos que habían cargado históricamente con el papel de la respuesta y la resistencia social. Parecía que el mensaje que queríamos transmitir con ese manifiesto y esos 8 puntos no era suficiente, si no eran capaces de identificar de dónde y de quiénes partía la iniciativa.

Afortunadamente, fueron much@s los seglares que, como yo, se adhirieron y ayudaron a montar la manifestación del 15m y, como bien es sabido, ese día un viento fresco y renovador, lleno de ilusión y esperanza, recorrió las calles de cerca de 60 ciudades en todo el país.

En el tema que ahora nos ocupa, el #25S, se da un elemento similar al que acabo de narrar: no queda claro qué o quiénes son los pioneros en la convocatoria, yendo, desde el principio, con un mensaje claro: rodear el Congreso hasta que el Gobierno dimita y empezar un proceso constituyente, habida cuenta de que la Constitución actual sólo se respeta para garantizar los intereses y privilegios de unos pocos, mientras que  su contenido social, sus derechos fundamentales, han pasado a ser un triste brindis al sol.

Como en los preparativos del 15m, esta iniciativa ha estado abierta a la participación de cualquier persona de acuerdo a sus fines, incluso ahora que ya está en boca de tod@s, se están celebrando numerosos encuentros para mejorarla y dotarla de más contenido ya que, reconozcámoslo, para ser un llamamiento tan ambicioso, el plan y el método a seguir una vez llegado el momento eran bastante “livianos“.

Si finalmente sale adelante la iniciativa, si el llamamiento culmina con una afluencia masiva, se habrá demostrado de nuevo algo inherente a las nuevas formas de movilización en la era red: el emisor ha dejado de tener relevancia, distribuido y no identificable, cobrando importancia el mensaje, la acción en sí. Esto, como es natural, choca con la lógica, cultivada durante años, de l@s que necesitan a un partido, a un sindicato, a un aparato reconocido o reconocible al frente de cualquier movilización, si me apuran, al frente de toda acción política. Lo siento, times are changing.

Por otra parte, sabemos desde ayer que ya hay en España hombres de negro de la Troika perfilando los detalles de ese chantaje llamado rescate que nos teletransportará a una situación similar a la de los griegos. Ni siquiera tenemos elecciones en el horizonte (aunque sí los rumores de un gobierno tecnócrata de concentración), ni tampoco un partido a lo Syryza que logre hacer de catalizador de la indignación en las instituciones (y miren qué fácil fue cambiar la ley del reparto de escaños en Grecia para neutralizarlo).

Y es en esta situación crítica, que requiere una enérgica e inteligente reacción, cuando no comprendo a aquéll@s que denostan (no es que no la apoyen, es que la difaman) la iniciativa de rodear el Congreso. Es en esta situación crítica cuando cabría preguntarles: ¿y ustedes qué proponen?. Pues, haciendo memoria, parece o parecía que, cuando miles de islandeses se agolpaban día tras día, cacerola en mano, frente a su parlamento, el modelo islandés nos parecía magnífico, por su consistencia, por su civismo, por su lección de dignidad. ¿Por qué, entonces, no replicarlo aquí en nuestra #Españistán?

Es normal que haya cierta incertidumbre, sobre todo a tenor de la legislación que blinda al Congreso y su actividad de actos que pongan en peligro su normal funcionamiento. Sin duda, son estas normas el clavo ardiendo al que se quiere agarrar el gobierno para mandar hordas de antidisturbios a repartir palos y a disparar pelotas de goma. Pero de nuestra inteligencia colectiva depende el que no puedan verse legitimados para hacerlo. Seguramente, el perímetro de seguridad esté establecido de antemano, y es una buena noticia, pues sabemos qué línea no hay que cruzar para que no se produzca una masacre. No es necesario hacerlo para que la acción surta efecto, que es lo importante. Al mismo tiempo, el riesgo de cargas o de infiltración de elementos violentos, de aquí o de allí, disminuye considerablemente cuando existe una multitud con cabeza, capaz de neutralizar tanto unas como a otros.

En cuanto al plan, a los objetivos que se deben perseguir, deberíamos examinar el excelente trabajo que muchos colectivos, grupos o equipos de trabajo vienen realizando hasta la fecha. Por si sirve de punto de partida para unificar y buscar sinergias, en particular destacaría la elaboración del #PlanDeRescateCiudadano. Aún en construcción pero con buenos mimbres.

Tampoco olvidemos que, paralelamente a estas acciones de calle, existen muchas otras que atacan al mismísimo núcleo de los #banksters, mercaderes y políticos corruptos, como la #QuerellaPaRato o la #OpEuribor, que se reactivarán también en Septiembre.

En definitiva, nuestro deber consiste en hacer frente a sus planes de pauperización de nuestra existencia con todos los recursos, todas las ideas y todas las habilidades que tengamos, entretejidas, con ilusión y #SinMiedo.

¡Vamos!

Anuncios